Para mí, desayunar es un placer. Lo es más, si la noche anterior no has cenado mucho, y te levantas por la mañana con un poco de hambre. Además, si es verano, ha amanecido y desayunas al aire libre, en la terraza de casa por ejemplo, pues mucho mejor.
Cuando desayunas “como uno se merece” tomas fruta, embitudo, queso, tomate, bollos, pastas, cereales… y un buen amigo me dijo el orden perfecto para una buena digestión de un gran desayuno: primero los ácidos (frutas), luego los salados (embitudos, huevos,…) y acabar con los dulces y la leche. Ya sabes “después de la leche, nada le eches”.
Pues centrándonos en el apartado “dulces”, el croissant lo considero el rey. Pero no es nada fácil comerse un buen croissant. Los de bollería industrial suelen ser casi medias noches con forma de croissant, nada crujientes. Y en algunos bares, te los dan pintados con una especie de almibar pegajoso que lo reblandece y no aporta nada.
Para mí, un buen croissant ha de ser crujiente, no muy grande, y con un toque ligero de sabor a mantequilla. En algunas panaderías los hacen así, al estilo francés, pero no todos tenemos la suerte de tener una buena panadería debajo de casa. Si éste es tu caso, te aporto una solución: la tienda de congelados La Sirena, tiene unos croissants congelados que, una vez hechos en el horno de casa, están realmente buenos. Lo cumplen todo. Además hay una versión de mini croissants muy interesantes.
Desayunar es un placer, y si es con buenos productos, mucho mejor.
